Se espera que las fiestas brillen con alegría, calidez y unión. Al menos eso es lo que oímos por todas partes.
Pero para muchos, la temporada comienza de forma diferente. Se siente pesada. Tranquila. Emocionalmente fría. Solitaria.
Quizás tu teléfono permanezca en silencio.
Quizás nadie se ha comunicado.
Tal vez el silencio en tu hogar sea más fuerte que cualquier canción navideña que se escuche afuera.
Si ahí es donde estás ahora mismo, escucha esto claramente:
No estás olvidado. No estás invisible. No estás solo.
Incluso cuando la gente te ignora, el Cielo no lo hace. El Señor Jesucristo no lo hace.
Una Navidad tranquila sigue siendo una Navidad santa
Nos imaginamos la Navidad con salones llenos, mesas repletas y risas a carcajadas. Pero la primera Navidad no fue nada parecida.
Estaba tranquilo. Oculto. Ignorado por la mayor parte del mundo.
Y, sin embargo, aquella noche silenciosa trajo la presencia de Dios al mundo.
Si tu Navidad se siente insignificante este año, no estás fuera de la historia. Estás en un lugar donde Dios suele actuar con suavidad. Una Navidad tranquila puede ser alegre. Incluso podría ser la primera vez que sientas su presencia con mayor profundidad.
Dios ve lo que otros pasan por alto
La gente se distrae. Pasamos por alto el dolor, incluso cuando está presente.
Pero el Señor Jesucristo ve con perfecta claridad y promete nunca dejarte ni abandonarte.
Él sabe el peso que llevas estas vacaciones.
Él conoce el dolor que escondes.
Él conoce las lágrimas que te enjugas cuando nadie te mira.
Y Él dice:,
“Te tengo grabada en las palmas de mis manos.” Isaías 49:16
No eres una ocurrencia de último momento.
Eres amado, sostenido, recordado y profundamente valorado.
Jesús comprende el peso de la soledad
Sentirse solo no significa que algo anda mal contigo. Significa que eres humano.
Jesús mismo se enfrentó a una profunda soledad.
Fue rechazado por los suyos (Isaías 53:3, Juan 1:11).
Fue malinterpretadoJuan 2:19–21; Lucas 18:34).
Fue abandonado en sus momentos más oscuros (Mateo 26:40, 56; Mateo 27:46).
La Escritura lo llama “varón de dolores, experimentado en quebranto” (Isaías 53:3).
Él conoce la soledad desde dentro. La soportó para que pudieras experimentar su presencia siempre. Incluso cuando no lo sientes, está más cerca que el aire que respiras.
Cuando te sientas en una habitación tranquila en esta temporada, Él no está mirándote desde lejos.
Él está contigo, alrededor de ti, dentro de ti.
Él sabe cómo consolar un alma que se siente aislada.
Háblale a tu alma: “Todo va a estar bien, porque Él está conmigo”.”
Llama a tu espíritu hacia adelante. Deja que tu espíritu guíe en lugar de tu alma.
Conéctate con Él en los reinos celestiales y deja que Él te llene de paz y alegría.
Formas suaves de cuidar tu corazón
Prácticas guiadas por el Espíritu
- Lea las Escrituras de consuelo en voz alta para que la verdad llene su atmósfera y su corazón.
- Escuche el culto y cante, incluso suavemente.
- Deje que la música suave de adoración mejore el ambiente de su hogar.
- Siéntate en silencio e invita al Espíritu Santo a reposar sobre ti.
- Invita a tus ángeles a que se acerquen y comisionalos para que ministren lo que el Cielo tiene para ti.
- Presenta tus emociones ante el Tribunal de Súplicas.
- Haz pequeños actos de bondad hacia ti mismo y hacia los demás. Importan más de lo que crees.

Hay un tribunal en el cielo para tu dolor
La soledad no es solo un sentimiento. A veces es una carga que debemos depositar ante el Padre. Aquí es donde el Tribunal de las Súplicas cobra un valor incalculable.
Entra en ese atrio con fe y ora:
“Padre, recibe la siguiente súplica, basada en Tu Palabra”.”
“Padre, presento este dolor de soledad ante Ti según…”
- Salmo 62:8
“Derrama tu corazón delante de él. Dios es nuestro refugio.” - 1 Pedro 5:7
“Echad toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” - Salmo 142:2
“Delante de Él derramo mi queja. Delante de Él confeso mi angustia.” - Isaías 49:15–16
“¿Puede una mujer olvidarse de su niño de pecho?… Sin embargo, yo no me olvidaré de ti.
Mira, te tengo grabada en las palmas de mis manos.” - Salmo 38:9
“Todo mi deseo está delante de ti. Mi suspiro no te es oculto.” - Salmo 102:17
“Él considerará la oración de los desposeídos y no despreciará su plegaria.”
“Y te pido que consueles mi corazón según…”
- 2 Corintios 1:3–4
“El Dios de todo consuelo, el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones…” - Salmo 94:19
“Tus consuelos deleitan mi alma.” - Juan 14:16
“Él os dará otro Consolador.” - Salmo 73:23
“Me sostienes de la mano derecha.” - Deuteronomio 31:6
“Él no te dejará ni te abandonará.” - Juan 14:18
“No los dejaré huérfanos. Vendré a ustedes.” - Salmo 27:10
“El Señor me acogerá.” - Filipenses 4:7
“La paz de Dios cuidará tu corazón y tu mente.” - Juan 14:27
“Mi paz os doy.” - Isaías 26:3
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera.”
“Padre, te pido que me devuelvas siete veces más de lo que me han robado, según Proverbios 6:30-31. Gracias.”
El cielo recibe tu súplica.
Dios no está cansado de tus oraciones.
A él no le molestan tus lágrimas.
El Tribunal de las Súplicas está siempre abierto, especialmente para los que tienen el corazón roto.
No estás abandonado. El cielo está cerca.
Esta temporada no durará para siempre. Tu historia no está estancada en la soledad.
Dios está más cerca de lo que piensas, fortaleciendo las partes de ti que otros no pueden ver.
Estás rodeado de Su presencia, incluso si hoy ninguna mano humana se acerca a ti.
No atravesarás estas fiestas solo.
Recursos adicionales:
Si desea comprender el Tribunal de Súplicas y Adquisiciones, le recomiendo el libro del Dr. Ron M. Horner “Próxima Dimensión Acceso al Tribunal de Súplicas Entendiendo Súplicas, Requisiciones y Adquisiciones."
Si desea ayuda para ingresar al Tribunal de Súplicas, puede programar una sesión con nosotros a través de https://looseningcaptivesblog.com. Caminaremos contigo a través de la liberación, la sanidad interior y cualquier cosa que el Señor quiera abordar.
Oración de salvación:
Finalmente, si estás leyendo esta publicación de blog y aún no has aceptado al Señor Jesucristo como tu salvador y Señor, esta decisión es la más importante de tu vida. Jesucristo proclamó: “Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie viene al Padre sino por mí”. Él es la puerta de entrada al cielo. Si deseas invitarlo a tu vida como tu salvador y Señor, recita esta oración en voz alta con fe:
“Señor Jesús, reconozco que soy un pecador que necesita un salvador.
Te pido sinceramente perdón por mis pecados y pongo mi confianza en tu preciosa sangre, derramada para expiar mis pecados.
Creo que eres el Hijo de Dios, que murió y resucitó al tercer día.
Ahora te doy la bienvenida a mi corazón y a mi vida como mi salvador y Señor. Con tu ayuda y dirección, me comprometo a vivir para ti hasta el día en que me llames para estar contigo en el cielo.
Gracias Señor."
Si has pronunciado esta oración con fe, bienvenido a la familia de Dios. Comienza leyendo tu Biblia diariamente y busca la guía del Señor para descubrir una iglesia adecuada donde puedas crecer en tu relación con Él.
